viernes

Me Arde, Brevísima Antología Arbitraria
ECUADOR-COLOMBIA
Compilación y selección por Ecuador: Augusto Rodríguez
Compilación y selección por Colombia: Gladys Mendía


Nota preliminar

Esta antología forma parte de la Colección titulada Vamos a brillar, mi amor, donde se unen a dos países o dos continentes, en la búsqueda del diálogo y la multiplicidad de registros poéticos bajo una misma temática. Tenemos a Me Urbe, Brevísima Antología Arbitraria Chile-Venezuela, en la que exploramos a 12 poetas de cada país y su encuentro con la ciudad; Me Vibra, Brevísima Antología Arbitraria Chile-Panamá, que gira en torno a la cultura y cómo esta nos hace sentir y decir de manera única. En Me Usa Brevísima Antología Arbitraria Uruguay-Perú, profundizamos en el ámbito social y político, en el que el sistema económico dicta la pauta, en la mayoría de los casos siendo infractor de daños irreversibles en nuestras comunidades. Me Arde Brevísima Antología Arbitraria Ecuador-Colombia, une versos dedicados al amor en todos sus matices en las voces de catorce poetas, a quienes consideramos representativos y agradecemos a ellos la buena voluntad al querer colaborar con este pequeño aporte a la posteridad creativa.

Agradecimientos especiales a Fernando Cely y Martha Carolina Dávila.



PRÓLOGO


Me Arde como lo indica su título es una antología del fuego. Este fuego que une dos países volviéndolos gemelos en la magia de la palabra; Ecuador y Colombia, este fuego une a catorce poetas que escriben del amor con varias tintas develando la estructura interior de cada uno de ellos y ellas.

Después de la lectura de los textos no pude evitar escribir algo parecido a un diccionario del amor o mejor, una lista de las palabras que se deben encontrar en un poema de amor en nuestro mundo actual. Disfrutamos de estas palabras enumeradas en desorden: cuerpo, geografía, raíces, mano, lluvia, piel, geometría, territorio, tiempo, noche, lugar, desnudar, silencio, lugar, pierna, aliento, distancia calle, llanto, puerta, espacio, deseo, estallido, almohada, esperma, deseo, piedra, viento, fusión. Estas palabras son palabras triviales que la rueda existencial hace vocear millones de veces por día. ¿Significa esta acotación que el amor es algo que no tiene importancia? Darién Giraldo Hernández nos presenta primero el amor como algo breve en contra del deseo que respira la eternidad. Por otra parte nos dice que “el amor no es efímero como el viento”. Estos versos dibujan las dos caras del amor: cara de luz y cara de sombra. Así nos encontramos en un universo en el que todo cambia permanentemente, una esfera en donde todo es como el amor, vale decir, como lo subraya Aleyda Quevedo Rojas desde Quito, “fluye como la estructura de un bosque”. Esta esfera; “el lugar del amor” es el cuerpo humano. El cuerpo del amante como el de la amada y también el cuerpo de la tierra y el del cielo. Todos estos cuerpos inventados o reales se mueven entre los brazos del día y de la noche; sobre todo de la noche que aparece entre los renglones de los versos de Carolina Dávila como el teatro del amor y continúa por el “movimiento” perpetuo de Fátima Vélez para acabarse en la contemplación que nos impone el “diario del refugio”. Sí, amar es refugiarse en las manos o la “comarca” (John Jairo), del o la que amamos.

Estos poetas son más que poetas, son músicos de la palabra y hacen cantar las metáforas desde los pasos sordos de los versos, hasta la ausencia de puntuaciones que simboliza la plenitud del silencio, nos familiariza con personajes que peregrinan en nuestra consciencia. Está Angélica, la orgullosa, lo afrodisíaco místico. Está Lorena, la bailarina cuya danza, como los colores de Jacanamijoy es camino, camino de la Lolita de Siomara España que conduce al descubrimiento del “yo soy Lolita”.

El sexo atraviesa a veces estos textos. No se puede evadir la relación entre el amor y la sexualidad. No se puede esconder que el sexo es la fragua en la que el fuego del amor transforma constantemente las horas. No se puede esconder que los miedos y las esperanzas de la juventud son materia prima que la fragua del amor transmuta en fuerza. Aquí el sexo es como la mano del amor que trata de reconciliar el corazón y el alma, el terruño poético y la huidiza eternidad que el tiempo no puede abarcar. El amor, como lo ha grabado Hermes en las piedras de las pirámides del antiguo Egipto, es la fuerza fuerte de todas las fuerzas. Esa Fuerza no habla y no puede callarse porque si habla los poetas se callaron y si se calla los poetas hablaron en su lugar. Este juego de extremidades deja en la geografía del amor montañas de nostalgias y de sublimaciones que solo pueden decir y escribir los que tienen en sus ojos este fuego de los fuegos que deseos y desesperaciones alimenta en estos poemas escritos por jóvenes que a pesar de su edad están saciados de madurez, sabiduría y confianza.


Marcel Kemadjou Njanke
Douala-Camerún
Febrero de 2012


COLOMBIA


Angélica Hoyos Guzmán. (Magdalena, 1982). Lic. en Lenguas Modernas, Msc. Lingüística Española. Docente e investigadora universitaria. Entre otras publicaciones se cuentan: Antología de poemas en Hechiceras de la palabra, Centro de Estudios Mixtecos-UNAM, Oaxaca, México, 2009. El Comic Multinacional (reseña crítica), en periódico literario Lecturas Críticas, Bogotá, 2009. Poema "Perdone señor no soy desplazado" en la revista literaria mexicana la “Hormiga o-culta"(2010). En 2010 fue invitada al III encuentro de narradores, académicos y declamadores en Goya Corrientes, Argentina e hizo parte del Taller de Poesía de la Red Nacional de Talleres Literarios del Ministerio de Cultura, en la ciudad de Bogotá, "Los Impresentables".

Poemas inéditos


HERENCIA

Llevo de un país en el agua
un reino de las nubes,
una nación de los árboles,
una de la mirada,
hasta una patria de nostalgias.

Y este terruño de agua
se parece tanto a los otros
que tiembla cuando le caen las piedras.

Se devuelve a la tierra
donde se llena de raíces de papel
en las manos de la gente
algunos dejan plumas sueltas
en ese pueblo de aire.


COLLAGE DE PRIMAVERA

Hoy no es día para escribir,
el amor perece en los restos
de una necesitada costumbre de buscarnos.

Hoy las letras se fueron de resaca
para fugarse en un delirio,
honda es la lágrima, llena y abierta,
en la ventana.

Sobre las calles de ésta época
flores de colores con su olor amargo a nacimiento
hacen aureolas a los árboles en sus raíces...
esa lluvia,
sin puntos que juegan sobre el renglón,
raya
raya
raya.


SUERTE

Qué suerte ser Angélica: planta medicinal afrodisíaca.

Qué suerte no ser Cortázar: víctima de alguna caja china.

Qué suerte no ser Gates: icono económico de una ventana repetida.

Qué suerte no ser Dalí: en la realidad de los ojos cortados por navajas.

Qué suerte no ser Chomsky: y esa competencia sumergida en el mundo.

Que suerte ser Angélica,
y caminar por mis calles silentes
arrastrando la música de una lata vacía.

Que suerte ser Angélica
y vivir suspendida en el abismo minúsculo de este nombre.

Que suerte sentir los golpes, ver los moretones y la brisa que los toca.

Que suerte morir para renacer en las palabras no dichas.

Que suerte contar soledades en las gotas de la lluvia.

Qué suerte ser otro humano,
con eso es suficiente.


DOS BEBIDAS

Una oleada de hojas meciéndose,
el rio con su voz perseverante,
los grillos enamorando a las grillas,
las grillas acicalan a la lluvia,
tú voz recorre mis paisajes,
mis manos recogen cada pluma de tus raíces,
eso es todo, con eso nos basta.

Que la existencia nos agarre por completo,
hasta el último sorbo.




Fernando Vargas Valencia. (Bogotá, 1984). Licenciado en derecho de la Universidad Externado de Colombia, especialista en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de la misma casa de estudios. Candidato a Máster en Sociología Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, España. Ha publicado: Cuentas del Alma (Poesía, 2001), Silencio Transversal (Poesía, 2007), La realización poética de la Justicia (Ensayo, 2008) y Épica de los Desheredados (Poesía, 2011). Coautor de varios títulos de poesía entre los que pueden destacarse: El Espolio (Con Alberto Valencia Rincón, 2000) y Tríptico de la Indignación (Con Fernando Cely y Darién Giraldo, 2009).Colaborador permanente del periódico La Mancha (Venezuela), el Diario Momento (México) y corresponsal de Los Poetas del 5 (Chile). Actualmente es el bongocero y tamborero del grupo folclórico La Doce, bajo la dirección del maestro Albeiro Bautista.

Poemas del libro inédito Canto Abacua


PETE EL CONDE RODRÍGUEZ REPUJA LOS COLORES DE LO QUE QUIERO DECIRTE

(A Lorena, mi geometría convergente)


No podría suponer
un territorio atado a las convergencias
capaz de asimilar tan siquiera
un matiz de tu cuerpo.
Ola desgarrada, a veces eres playa,
a veces el silencio de la tarde
que va escribiendo sobre mi piel
la cifra inconclusa del secreto.
Antes de conocerte
no tenía otro talismán
que la sublime torpeza de inventarte.
Así te he ido nombrando en cada geografía.
He roto la feliz equidistancia
de los filos escarpados,
del amanecer que se repite
en los vuelos de la embriaguez.
Sería redundante hablar de geometrías
cuando nuestras sombras
decapitan el tiempo
ante los rostros que nos vamos imponiendo
al ritmo de nuestros tambores
enardecidos por la simetría de sus deseos.
Ahora,
llevo tu cuerpo atravesado,
marejada que va abriendo surcos y huye
para retornar sin vacilaciones ni reparos.
Acaso sea maravilloso
suponer que cada vez que te toco,
vas colmando los agujeros de la piel
y vas perfumando con tu desesperada oscilación
la desdichada quietud de no tenerte.


UN POEMA COMO NUNCA OTRO

(A Lorena)

El jugueteo de tus huesos
que luchan a muerte por desplomar la semilla
y su escozor,
allá en lo alto del pecho
que se revoca como un discurso tácito
que va devorándote entera,
en tu sublime religión
que consiste en despeñar las paredes
de las inútiles prisiones
donde el amor se agota y se entrega
a golpes e incendios entrecortados.
Porque somos hordas siniestras
que explotan en el intento
por nombrarse
es que punzo tus senos
con la tempestad de insectos
que nacen y se pudren en lo más recóndito
de mis ansias.
Desnudez infame que nos derrota
apenas con el roce de los poros erectos
y las crueldades más elementales.
Hay un grito, un sonido que se ahoga
en la promesa de ser una vocación.
Pero lo que nacemos y matamos
cuando somos la desnudez reflejada
en el deseo animal de nuestras manos,
es sordo,
no tiene nombre.
Es por ello que únicamente los dos,
somos los conjurados.



BAILARINA

(A Lorena, transgresora del tiempo cuando baila)


En las aristas silenciosas
donde el tiempo
se desliza en imposibles,
la bailarina sonríe
cerrando los ojos
y es su cuerpo
un pentagrama de simetrías
que surgen de sí mismas,
evocadas.
La contemplo desde mi triste
condición de sordo
que a veces no puede comprender
la magnitud de sus movimientos,
armonía testaruda
en la que el silencio se detiene,
entrecortado.
Ella extiende sus brazos
como ofreciendo el fuego de sus pechos,
algo en mí se exaspera,
presto al incendio y la ceniza,
y recorre con la ceguedad del aceite,
las superficies barrocas
de sus formas.
De repente,
la bailarina
se deja acariciar
por la furia equidistante
de pulsiones extraviadas que salen de mis manos,
está allí para ser la historia y la música,
la poesía y la memoria,
la saga y el canto,
el espiral averiado de este instante
que se consume en sus gestos,
en la disipación apenas mágica
de sus oscilaciones.
La bailarina entonces ya no es humana.
Se lastima con sus pasos encantados,
con su cintura colmada de geometrías leves.
Testigo cruel de su oficio,
endulzo su piel con mi golpeteo leve,
con esta hambre de percusionista
que la sueña despierta.
Exhalo el aire de la bailarina,
estoy vivo en su derroche de luz,
en su ritmo agujereado,
algo en su tranquilidad imposible,
roba gritos a las aristas
y una sensación de olvido del tiempo
me detiene en la breve inmortalidad
de sus formas.


LIBERTAD

(A Lorena, Amada)

Voy trazando con calma
las espaciadas comisuras de tu cuerpo.
La memoria es traviesa y ebria…
en mi juego de puntadas y zurcidos
te voy atribuyendo alguna línea o color
que no tenías antes de jugar a dibujarte.
No quedará otro camino
que buscar tu presencia
retorno eterno,
espiral que aparece de cuando en cuando
tras la puerta,
en el espejo,
en la terrible embriaguez de la niebla.
Invocarte en el papel o en el aire
para jugar a perderte,
lanzarte al vacío de mis manos,
donde la brusca ansiedad
va otorgándote formas invisibles,
va nombrándote
con la pluralidad de los sonidos
que no hace falta pronunciar,
no si te busco en cada torpeza
que invento y destruyo,
en esta condición de rueda
que se niega y afirma
cada vez que roza las huellas
de tu cuerpo eclipsado,
crepúsculo pendular de tus danzas.
La memoria es traviesa y ebria…
te busco en la agitada ansiedad de mis días,
en los cotidianos nudos de los brazos.
Cuando vuelva a encontrarte
derrocharé tu piel en el juego ciego
de conjugarla con las espaciadas comisuras
del cuerpo que en soledad
mi mano ha atribuido
a tu espera.


Edwin Rosas Gaitán (Bogotá, 1987), Licenciado en Lenguas Modernas de la Universidad De La Salle, ha participado en tres recitales poéticos de la misma Universidad, igualmente, fue invitado a participar en la XVIII versión del festival poético de Tenjo; pertenece a la Comunidad de los Poetas del Megáfono (Colombia). Participó de los talleres de poesía RENATA (Red Nacional de Talleres Literarios) dirigidos por Rodolfo Ramírez Soto. Fue finalista en el I Concurso Internacional de Poesía Ateniense 2010 (Argentina).

Poemas inéditos

DESFRAGMENTAR

La noche
es el mar de las estrellas,
como mi manos
son el mundo donde habita tu olor.

No busques en mí recuerdos tuyos.
Soy brisa que no refresca,
verso que no es agua.
Soy oleaje sin playa,
atardecer bajo la luna.

Mi boca aún tiene tu sabor,
un recuerdo taciturno,
dormido,
como roca bajo el mar.

No busques en los poemas,
busca en los ríos,
todos ellos mueren
en el mismo lugar.



EL COLOR DEL AIRE

En el silencio de las notas,
y las moscas que susurran.
Mientras la noche cae,
las mariposas van a descansar,
el color del aire
es como un cuadro
de Jacanamijoy,
en el cual las auroras y
las nieblas son el reflejo
por donde marcha
la luna.
Así mi cuerpo resiste y
el día por mi espera.



DUELO
“Cese, señora, el duelo en vuestro canto”
José martí
Entierro las cenizas,
el humo, la llama,
el viento
y la pipa.

El duelo sin lágrimas.
El silencio…

El silencio,
el silencio es el llanto
de los que no lloran.


TRANSITAR

Con el dedo puesto sobre la llaga,
donde el dolor sopesa
como carne viva, carne muerta.
La piel desnuda,
el vino, la hierba, la poesía.
No sirve de nada escribir
no sirve de nada no hacerlo,
las letras inmóviles en la hoja,
tu cuerpo desnudo mi lienzo,
pinto los versos sobre tu boca
y en la hoja te escribo el beso.
Las ventanas abiertas,
el vuelo de las aves
revoloteando en el estomago,
la carne
fétida.
La muerte en vida,
la vida muerta.
La piel desnuda,
la piel abierta.




Carolina Dávila (Bogotá, 1982). Abogada de la Universidad Externado de Colombia. Hizo parte del Consejo Editorial de la Revista Cultural SOMOS – Libertad Bajo Palabra, de la misma universidad. Ha sido incluida en antologías poéticas en Colombia y Venezuela, sus reseñas y poemas han sido publicados en revistas de Colombia y Chile. Fue corresponsal en algunos países de América Latina del proyecto de difusión literaria Los Impresentables. Con su libro inédito Como las Catedrales ganó el Premio Nacional de Literatura – Poesía 2010, del Ministerio de Cultura. Participa en el Taller de Poesía de Bogotá Los Impresentables que hace parte de Renata.

Poemas del libro Como las Catedrales


LUNA NUEVA

A esa hora
la línea nítida que demarca el horizonte
abarca la noche entera

ella recoge las piernas y las enlaza
se deja mecer por el viento
mira los árboles, serenos
extranjeros en la comarca de las despedidas

Ella, condenada al movimiento
Ellos, condenados a lo quieto

Sus sombras se pierden

En la noche, entre lo quieto y nosotros
la oscuridad es la distancia

mantiene abiertos los ojos

no hace falta partir
para sentirse lejos



*
Frente a la flor casi marchita
la niña suplicó a su madre:

“No la cortes, déjala morir entre la tierra,
pues lo que yo he cuidado
no son sus pétalos, sino sus raíces negras”



CEREMONIA

Las copas de los árboles
se mecen

El lenguaje del viento
nos bautiza

Ahora los pájaros
conocen nuestros nombres




CON LA LLUVIA NO PENETRAN OTRAS AGUAS

Yo amaría a esa mujer que deambula
por un desierto de noches heladas
mientras le llegan los rumores de algún puerto
pero no rompen ellos su silencio
ni suavizan los surcos
que el dolor trazó en su cara

La amaría porque no se doblega
porque con la lluvia no penetran otras aguas

porque su cuerpo se abre ahí
donde a la primavera no le alcanza



AQUÍ Y ALLÁ

Bien sé que el sol
es un astro omnipresente

pero estoy segura:

El día que espió en el puerto
la ruta que esa mano trazaba en mi espalda
los mantos de sal que visten el desierto
durmieron esperando que su brillo
los transformara en plata




Fátima Vélez (Manizales, 1985). Realizó estudios de literatura y filosofía en la Universidad de los Andes, Bogotá. Actualmente, se encuentra cursando la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia.

Poemas del libro inédito Orillas

Promesa del día muerto

El día congela mis párpados ante la espera
y la mañana no nos besa las manos
ni traza con firmeza sus líneas
y una luz no se instala en nosotros
con voz propia
mostrándonos el camino
y un grito no traspasa el instante del abandono
de todo lo que habita y nació muerto entre nosotros

Pues donde había corazón
sólo hay una piel que se resiste a tomar forma
y la complicidad del silencio que extiende sus dominios con raíces oscuras
y nosotros
contemplando la lluvia
cuando ciegamente creíamos en el cielo azul de esta mañana.



Ceguera del presente


I
Unos ojos cerrados por el dolor
lo han estado mirando
Duerme como no duermen los hombres
en su sueño
la respiración es un río suelto
lejos del cuerpo

en su cuerpo
es la quietud del que ha caído
recuperándose desde la sombra


II
La piel debe callar ahora
como si fuera nunca
la mirada se desliza
agua estancada
interrumpida por el vuelo de un pájaro

III
Mira ahora
hay encuentros indicándonos la fortaleza de lo invisible
de mis ojos que se atascan
de mis ganas de no levantarme
de no sentir el calor
ni el frío ciudad
ni el frío alma



IV

Este aquí
donde se detiene el movimiento de la tierra
antes fue cuerpo de lo que huía hacia nosotros
los de pequeñas manos
los que apenas conteníamos en nuestros labios
las primeras sílabas de la contemplación



Diario del refugio

Estas señales son angostas
se agitan con el más leve roce
y la sensación sale flotando como un reflejo en el agua
rodeando el espacio entre el llanto y la contención

Los pies sobre la tierra hacen saltar visiones
Si este fue el camino que escogí
no poseo otro rostro

Los encuentros carecen del movimiento de lo inesperado
y la emoción desprende al paisaje para hacerlo volumen
belleza de lo que está en el borde
a punto de ser mirada

De manera sombría
somos la piedra que provoca el derrumbe

Al otro lado
un río separándonos de las vidas que escogieron no nacer.

Adentro
la realidad agotando toda prueba
se ablanda y se endurece hasta la estría
que borda las coordenadas del espectáculo
de cualquier espectáculo digno de ser presenciado:

La lluvia y quien la escucha

entre el día cayendo y la tristeza
entre los telones de tinieblas y el susurro interior
nosotros el umbral



Derrumbes

II

Te despierta una palabra en la mirada
en el lugar justo donde se presagian los estallidos
y no puedes hablar

Soñaste con la piedra
que tiene la forma exacta de la muerte
puede no ser la tuya
no la ves cerca

Finges quietud
serenidad
pero el temblor está dicho:
un aliento que traspasa
la profundidad del cuerpo
y no va más allá de cualquier otro lado

Sin desbordar tus límites
los umbrales han perdido la conciencia de ti

La turbulencia no está en tus movimientos
sólo en tu espera
no pasa nada
Eres tú
círculo trazado por el agua
en que tratas de ahogar
su cuerpo en la distancia
de quemar el reflejo de inmortalidad
hasta la extinción de su especie dentro de ti

Con un parpadeo
invocas la fuerza real y divina
el olvido que logre transparentarte
como algo más sólido que el disparo
Pero no son cielos de ti los que se abren
ni siquiera la nada
ni siquiera la encarnación de la nada
Sólo es tu boca
lengua sed
sin desiertos sin mística
intuyendo el crujido de su falso regreso
Estás ahí
sábanas rodeadas por ventanas
más allá la puerta más allá la calle
su puerta su calle
inevitables indestructibles
por más enmudecimiento en los sentidos
por más oscuridad de los ojos cerrados.




John Jairo Rodríguez Saavedra (Sandoná Nariño, 1974). Zapatos número 39 y ½, y pocas hazañas memorables. Actualmente vive en Bogotá, ciudad rota que ayuda a romper de cuando en vez al sumarse a las odiosas puestas en escena nocturnas capitalinas. Estudiante de Periodismo y jugador frustrado de canicas y de fútbol. Ahora mismo trabaja en un libro de poemas en prosa y en una novela. Ha publicado la plaqueta Ruptura de ligamentos, Los Poetas del 5 Editora, Santiago de Chile, 2011.

Poemas publicados en el Blog Los Poetas del 5


BESTIARIOS DE PIEL
[FOTOGRAFÍAS LINGUÍSTICAS SOBRE DESNUDOS DE FABIANA]


1.
Norte a sur, y un poco al occidente, en una vertical hacia la nada, Fabiana se extiende como una rosa muerta apuntando su herida a mi vista que la contempla mundo callándose las lágrimas.

2.
Sobre un rincón de opacos, Fabiana impone su belleza, su delicia. Delicia para los ojos que son bocas vivientes, saboreándola/ mis ojos míos, bucales, tercamente gustativos.

3.
Atada a unos barrotes de cama depresiva, Fabiana riega su armonía dejando que las sábanas impongan un oleaje estruendoso en el diminuto y crudo mar en el que ríe-navega.

4.
Sin más dolor que serse sola, Fabiana se aferra vieja a un niño cigarro apenas suicidado. Nalgas y senos en un solo compás, rítmicos, danzando, traspasan el límite, las puertas, y se acercan a mí, posándoseme briosos y trémulos sobre las escaleras-manos lluviosas.


5.
Con los brazos más alas que nunca, Fabiana resucita, se eleva a fiesta. De pie se queda suspendida en un vacío pleno de música, en un infierno en el que ser ángel sería la negativa.

6.
La mano abierta de Fabiana es un abanico que no produce aire, sino hambres. Mirarla así, con la columna vertebral a punto de volverse puente entre llanto y pesadilla, es atreverse al naufragio y no importarse muerto con los días en contra.

7.
Tres rostros marginales, elegantes, tiene Fabiana, en este rumbo corto que es nombrarla, repetirla en suspiros briosos, dolor musical de vísceras cantando, para no callar y dejar que se esfume y ahonde bella y frágil, con su quietud su movimiento.

8.
Espalda y lunares, avenida limpia y húmeda, la Fabiana de 10:40 p.m. Una comarca en donde suceder es fácil, engullendo momentos, bebiéndoselo todo.


9.
Casta de luna en pleno día, rasgos de paloma violenta volando. Ya no es descriptible tanta belleza contenida, ya no se puede ser ojos solamente. Ahí, quietecita, Fabiana no sabe lo luna que es para este cielo anciano, ni lo hueco grande de su lejos poco.

10.
Fabiana se extiende completa sobre la cama, se crucifica. Pero a mí me gusta también crucificarme viéndola, mirándola hacerse nieve entre el blanco del fondo monográfico, entre lloviznas imaginarias que huelen, en el ser nariz de todo mi cuerpo poco.



Darién Giraldo Hernández (Santiago de Chile, 1972). Residente en Colombia. Escritor, sociólogo y docente. Director de la revista Magazín Páginas de Nuestramérica. Los poemas hacen parte del libro inédito Poemas sin Amor o Versos a la Piel.


Peregrina

Ya no es apremiante verte
me traje tu aliento,
respiro con él.
Ya no es necesario verte
te ofrecí mis palabras,
nombré tu piel y
te amé hermosa y breve
con suma prontitud
sin dilación innecesaria
con la brevedad del amor
y la eternidad del deseo.



Todo lo sólido se desvanece en el aire

No te amo
solo es deseo, pretensión…apetito.
No te amo
sólo es gusto, avidez, derecho.
Escucho decir:
el amor no es efímero como el viento

yo digo que es fugaz y que no existe otro.

Sabes que no me basta besar tu vientre por fuera.
Y por eso
cuando ya no sea tu humedad el presagio de tu aliento
que me anuncia grutas más profundas que tu cuerpo mismo.
Cuando eso pase
cuando el amor se interponga
y llegue apoderarse del encanto lo sólido,
entonces
me desvaneceré en el aire.



Estremecimiento

Ella se deshace como una ola
es ficción
se asoma
emerge del océano
brota de corrientes de aire cálidas
nocturnas
y en su garganta
corales extintos habitan.
Ella se estremece en silencio
es marea que se repite
incesante,
eco de mar
que aguarda en un caracol


Taxonomía

                       A Laura G.M.

Ella es la noche,
y la noche, es sin ella.

Ella es la noche,
y la noche sin ella
es solo oscuridad.



ECUADOR



Aleyda Quevedo Rojas (Quito, 1972). Poeta y periodista. Licenciada en comunicación social. Es reportera, editora y consultora de comunicación para el desarrollo, en diversos diarios y revistas del Ecuador y el extranjero, así como en agencias de cooperación internacional y organismos del Estado. Ha publicado los libros de poesía: Cambio en los climas del corazón, 1989 Casa de la Cultura; La actitud del fuego, 1994 Ediciones de Los Lunes Lima-Perú; Algunas rosas verdes, 1996 Ediciones del Sistema Nacional de Bibliotecas-Ecuador; Espacio vacío, 2001 Ediciones de la Línea Imaginaria, Casa de la Cultura Ecuatoriana; y en 2007, Ediciones El Perro y la Rana-Colección Poesía del Mundo-Venezuela; Música Oscura, Breve Antología Almería-España 2004, Colección Cuadernos de Caridemo; Soy mi cuerpo, Libresa-Ediciones de la Línea Imaginaria, 2006. Mantiene dos libros inéditos de poesía. En 1996 con su libro “Algunas rosas verdes” recibió el Premio Nacional de Poesía “Jorge Carrera Andrade”. Ha representado al Ecuador en los más importantes Encuentros Internacionales de Escritores en Colombia (Bogotá, Manizales, Montería, Medellín y Cali), Perú (Lima), Chile (Santiago e Isla Negra), Argentina (Buenos Aires y Rosario), España (Madrid y Granada), México (D.F. y Morelia), Brasil (Cuiabá-Mato Grosso y Sao Paulo) y Venezuela (Caracas, Delta Amacuro, Puerto Ordaz).


de La actitud del fuego

Estallido de los cuerpos

Lentamente
alumbro tu necesaria parte erecta
me entrenzo
en tus brazos de sol
te sumerges en mis pestañas
y abriendo las fauces
nos perdemos en un estallido.


Hai-kai de los pájaros

Cuidaré tus pájaros
pero me niego
a hacer el amor en la jaula.


de Espacio Vacío

El amor y las piedras

El amor en ocasiones se vuelve insustituiblemente frágil tanto que puede diluirse y perderse entre el oxígeno
Esta necesaria levedad es anillo solar que se pega en la lengua inventando una ecuación de energía líquida
Golpe de aire que se repite pocas veces y siempre tiene el rostro lleno de hielo
El amor fluye como la estructura de un bosque de cristal su corte perfecto atraviesa montañas
Pero las piedras siempre las piedras permanecen en el lugar del amor
Logran convertirse en la exactitud que apenas la velocidad las supera.




Franklin Ordóñez Luna (Loja, 1973). Es licenciado en Ciencias Sociales, Políticas y Económicas y en Lengua y Literatura, con especialidad en Filología Española por la Universidad Complutense de Madrid. Fue Coordinador del Taller de Literatura de la Casa de la Cultura, Núcleo del Azuay. Es autor de Mapa de sal (2001), A la sombra del corsario (2004), A cambio de monedas o palabras (2007) y Del Neo José y otras historias (2008). Textos suyos han aparecido en publicaciones como Ánfora Nova y Casa de la poesía. Actualmente se desempeña como catedrático y periodista. Reside en Cuenca.

de A la sombra del corsario

A la sombra del corsario

“El único destino es seguir navegando
en paz y en calma hacia el siguiente naufragio”.
José Emilio Pacheco, Titánic

Se retuerce la noche, animal en celo. Perfora la piel, los huesos donde escribo la historia. Sube el mar: espejo y pájaro de agua; siembro tulipanes en el vientre de gaviotas. Recorremos Goya, de las bocas del metro emergen relámpagos, delfines, toros que navegan sobre espadas. Pero abres las alas, desapareces. Enloquecido me lanzo a la ciudad, te busco. Azoto mi cabeza contra el muro. La marea me arroja al país de barro y espejismos, de gangrena y minerales. Torpes las montañas me consuelan con historias de amores quemados. Te retengo en pedazos de papel, en mi piel donde dibujaste ciudades muertas. Te retengo en historias de hormigas, en la balanza, la sal que bebí de tu espalda. Lanzo mis alaridos a la cordillera, al nudo lleno de paja y fantasmas. Qué lejano el invierno, sus noches, nuestro lecho de metal y marihuana. Qué cercana tu voz, tus palabras con piedras de sol… Tus manos que atraparon las mariposas de mi garganta.


Keanu Reeves

Sabes a mares del sur
ceniza de marihuana.
Llego a tus nalgas.
Qué importan los versos,
la música, Manhattan.
Qué importan las torres desplomadas,
el sur comiendo cieno,
el vacío de los desterrados.
Qué importa el mundo
soy pez de tu mar en llamas.


de A cambio de monedas o palabras

Manuel

Vale la pena haber nacido / sólo por oír pasar el viento, dice Pessoa;
yo prefiero las cadenas de tus labios, tus manos como garras,
tu esperma por mi sangre.



Beatriz Viteri Garcés (Guayaquil, 1974). Licenciada en Comunicación social, Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. Editora de la revista interprovincial La ruta. Ha organizado varios talleres, eventos de cultura, comunicación y educación. Es parte del Taller literario El Quirófano. Está por publicar su primer poemario El triste país de los disfraces.

Poemas inéditos

Cadenas y más cadenas

Quiero que me sostengas con el aire que sale de tu boca, como si fuera un títere de esos que encontré junto a las pipas rotas que desgastamos de tanto fuego y saliva. Quiero la habitación llena de tu vapor bajo la luz de los faros que custodian el asfalto. Quiero sentir un golpe anárquico entre mis pechos hasta socavarme. Quiero tu voz imitando campanadas en el cielo. Cadenas y más cadenas. Cuando por fin lo tenga todo, las arrastraré por siglos.


Fetiches entre las piernas

Todas las noches busco tu mirada de gato bajo las almohadas, y dentro del armario revuelvo mis interiores para encontrar algún bigote de color impreciso con aroma a durazno vaginal. Esculturas fisgonean en fila desde la repisa esta cacería acéfala. Escudriño mis cosas una y otra vez hasta rebotar sobre mi sombra. Descanso de este caos que te esconde. Todo está patas arriba y yo boca abajo con mis fetiches entre las piernas.


Un demonio más en mí

Caes sin noche y sin mañana. Te paras a mirar mi boca seca. Enluto tus manos. Acaricio tus ojos y los niego. Toco tus piernas y las pego con cinta. Disfruto del ritual. Vuelvo para marcar mi territorio con fluidos nuevos. En este infierno, sin ese mito, vivo con un dios menos y sobre mí un demonio más.



Siomara España (Manabí, 1976) Licenciada en Literatura y Español de la Universidad de Guayaquil. Ha participado y ha organizado varios eventos culturales en el Ecuador y el extranjero. Actualmente se encuentra preparando su tercer poemario. Ha publicado los poemarios: Concupiscencia (2007) y Alivio Demente (2008). Primer Premio de Poesía Universitaria, Universidad de Guayaquil, 2008 y Finalista en el concurso de cuentos Jorge Luis Borges, Argentina, 2008. Su poesía consta en varias antologías locales y extranjeras.

Poemas inéditos

El regreso de Lolita

Yo soy Lolita
así los Lobos esteparios
me desenreden las trenzas con sus dientes
y me lancen caramelos de cianuro y goma.
Intuí mi nombre aquel día del puerto
con los náufragos
¿recuerdas?
Y aquel combate
con Vladimir, el imperecedero.
Sé que soy Lolita
lo supe cuando me entregó
sus manos laceradas de escribirme.
Por eso cuando apareciste
libidinoso y suplicante
a contarme tus temores
te deje tocarme
morder mis brazos y rodillas
te deje mutilar entre mis piernas
los ardides de Charlotte.
Sabía que tu vieja espada
cortaría una a una mis venas
mis pupilas
y me burlé cien veces
de tu estupidez de niño viejo
llorando entre mi vientre.
y cuando todos los náufragos del mundo
volvieron a mi puerto
a entregarme dadivas
que yo pagaba con carne
tú saltaste tras mi sombra
mientras yo, huía y bailaba.
Por eso sé que soy Lolita,
la nínfula de moteles y anagramas
que vuelve con la maleta al hombro
a retomar tras años el pasado.


Duelo

Estoy haciendo todos los duelos
a esta muerte:
corto mis uñas,
mi cabello,
lo visto de negro,
así como a mi cuerpo.
Cuelgo una manta en tu retrato
y voy dibujando espacios
ensangrentado besos,
disfrazando fantasmas,
Esquinas inconscientes
de laberintos y bares
mientras manos anacoretas
emparedan los rincones.
Con ojos vendados,
diagramados,
oxidados,
lapidados de salitre,
emprendo los duelos pertinentes.
Hasta que liquide
la hecatombe de la almohada,
de la espalda, del derecho y del revés.
Porque cuando me recupere de los golpes:
contra puertas, ventanas y escaleras,
entregaré a Abrahán, a Isaac
y a todos los profetas
los sacos de cenizas,
donde guardé el duelo de esta muerte.



*

Me despido de tu cuerpo
de tus ojos, de tus manos
de la cama vieja y de su estruendo
me despido de las fiebres
de los ecos de mis huesos en tus manos
de tus dientes mordedores
me despido porque es temprano
me despido porque aun escucho tus gemidos.
A chorros me sangran tus heridas
aun escarbo la nostalgia de tu cuerpo
porque si no me marcho
podríamos ser felices.



Xavier Hidalgo Cedeño (Guayaquil, 1977). Licenciado en Literatura y Español de la Universidad de Guayaquil. Su poesía se ha publicado en varias antologías y revistas. Es parte del Taller literario El Quirófano. Está por publicar su primer libro.

Poemas inéditos

Costillas devoradas

I

Con las fuerzas de tus caderas
exploras mi universo anal

Observas orgulloso mi constricción
mi cuerpo brilla incandescente
y de mi aliento salen mil aves de cristal


II

Soy aquel que disfruta del olor del semen
que lo saborea y lo traga hasta la última gota
vampiro no de sangre sino de vida
Voy entre bambúes de olores
siento la dureza de un linaje
de guerreros que vencen al tiempo
Danzan en mis venas las frustraciones
y ascos de mis madres pasadas
Me señalan
sus sinfonías de maldiciones


III
Los deseos armaron sus maletas
la negra humedad
se traga las paredes del baño
a veces temo que muerda mis pies
El aroma del perfume
cabalga irónico en el ambiente
mientras las costillas son devoradas
Los alfileres están en reposo
a veces lloran como niños
y yo finjo no escuchar
La reina de corazones
ya no me mira más
que se caiga por fin la casa de naipes
y con ella todos mis recuerdos

Fantasmas de caballos aun recorren mis entrañas
recuerdo el olor su muerte su sangre blanca

Me hago de piedra frente al espejo



Alexis Cuzme (Manta, 1980). Licenciado en Ciencias de la Comunicación, periodista cultural y cronista de cine. Editor de la revista rockera Marfuz. Ha publicado los poemarios: Desconsuelo (2001), Complot ante el silencio (2003), Club de los premuertos (2006) y Bloody city (2009). En el campo rockero ha publicado el cuadernillo Legión: década pagana (2006). Actualmente se desenvuelve como asistente de edición en la Editorial Mar Abierto de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí.

de Club de los premuertos

Podemos mentirle al placer

Sigilosamente
la tarde arrebata desencantos.

Creer en tu sexo,
en su frescura,
sonoridad,
es común y agotador.

Zozobra el artificio,
pero podemos mentirle al placer.

Amor,
tus glúteos encierran otra forma de vitalidad.



Club de los premuertos

Frente al club de los premuertos
avanzo,
mi último pasillo,
contemplo las luces
como Al Pacino y Sean Penn.

Me desconecto:
yo no seré tú
y tú no serás yo,
rompo el nexo de la carne.

Pequeña, llorarás.
Todo principio suele ser así,
revivirás las fotografías,
absorberás el escaso aroma de mis camisetas,
releerás las cartas en que mentí para acercarte,
contemplarás hasta agotar
las colillas vetustas bajo la cama,
mis medias y botines jubilados,
los últimos preservativos consumidos,
mis discos gastados de ritmo
y palabras descompuestas en dolor,
el retrete donde paré el tiempo y la mierda
para crear quimeras sin olor ni forma.

Pequeña, llorarás,
sobre la cama en que degustamos nuestros sexos
y degollamos la idea de familia
(sobre todo yo,
responsable no era un complemento que encajara en mí)

Mientras avanzo:
pasillo sin regreso,
pálido tumulto giratorio.

Restaré 21 gramos, quizás más,
para apoyar tu creencia almamito.
Tú y tu dios travestirán mi idea tras la ida.

Pequeña, llorarás,
pero cierra la puerta
no me resfriaré con tus lágrimas.


Sobre páginas imaginarias

Te escribo desde el árido rincón de la tarde
sobre páginas imaginarias
frente a una taza de café rodeada por insectos
un track inagotable volviendo en cada clic
una imagen adjunta que no paro de admirar
y la idea común que clama destrucción.
Te escribo y me arrepiento:
tus zapatos enlodados
marcan nuevos signos
la continuación de lo insólito tras de mí.
Suprimo el párrafo
la errada selección inliteraria que asoma sin vergüenza.
Olvida que dije ser poeta
es un título grande aún para mi estatura.
Mientras todo sigue igual:
la tarde árida
insectos flotando en mi café
el track parado en cada nota
y la página imaginaria volviendo a su pureza.



María de los Ángeles Martínez (Cuenca, 1980). Estudió Comunicación, Literatura e Historia y Geografía. Ha publicado Un lapso de impiedad (1999), Neos (2000) y, colectivamente, Aunque bailemos con la más fea (2002), Nadie nos quita lo bailado (2005), Subcielo (2004) y Trozos de vidrio (2007). Su obra ha aparecido en antologías y publicaciones del Ecuador y el extranjero.

de Subcielo

Grave

Ahora no tengo ganas
de levantarte de un disparo
la tapa de los sesos.
y en un cajita floreada
mandarle
partes
de ti,
mal cocinadas,
a la puta de tu madre…
me siento horriblemente
enamorada…
y te veo
y te beso
y te beso
y…la homicida
se me duerme
se me rinde
se me muere …en tus hermosas pestañas


Réplica

¿Cómo diablos ibas a entenderme,
si al leer mis ojos
te saltaste la mitad de los capítulos?


Fin

Es duro descubrir de golpe
que la felicidad no era esto
de dar puñaladas…
(pero casi)

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